Cuando
en los años ´80 los azuleños veían cómo el agua empezaba a ganar las calles e
inundar las casas, tuvieron que hacer lo que podían con lo que tenían; sentarse indignados a ver cómo en pocos
minutos la corriente se llevaba lo que con tanto esfuerzo llevó construir era
impensable. Pese al esfuerzo miles de azuleños perdieron todo.
Hoy, 32
años después, ver el miedo a flor de
piel de aquellos que alguna vez lo vivieron y de aquellos que por primera vez
reflejaban la desolación ante la pérdida y el desamparo frente la inundación genera
mucha impotencia y aparecen interrogantes sobre el porqué de quienes han
tenido, y tienen la responsabilidad de cambiar esa situación permiten que
nuestra ciudad siga padeciendo las mismas circunstancias.
Se me hace
difícil entender cómo teniendo profesionales capacitados en el tema no se realicen las obras para poner fin a
este drama que sigue destruyendo los hogares de centenares de personas,
arrastrando a la deriva no sólo las pertenencias sino las esperanzas de nuestro
pueblo que puso su confianza en sus dirigentes.
Y hablando
de dirigentes, con la tragedia también vinieron quienes dicen ser representantes
de los argentinos prometiendo obras para tratar de frenar el avance de las
aguas Y trayendo frazadas, chapas, zapatillas para los evacuados.
Señores
funcionarios. No queremos que nos curen las heridas después de la tragedia. No
es suficiente, queremos que prevengan la enfermedad.
No queremos ni frazadas ni chapas. Queremos que
nuestras pertenencias sigan estando seguras, sin el temor de que un día
imprevisto desaparecerá por la falta de acción de ustedes, recuerden que
prevenir es mejor que curar.
Eso fue lo que el agua nos dejó, ganas de
militar soluciones, ganas de no quedarnos callados. Así lo demostramos los
5.000 azuleños que acudimos a la plaza central para pedir una solución y demostrar que un pueblo unido jamás será vencido.
Susana Torres
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